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Los jardines del Castillo de Praga

En los alrededores del Castillo de Praga se extienden los jardines, que crecen desde los tiempos de Fernando I (desde 1534). Alojan numerosas estatuas renacentistas y barrocas de artistas famosos (incluso M. B. Braun) y también extraordinarias construcciones, como por ej. el Hipódromo barroco de J. B. Mathey (de finales del siglo XVII, desde 1948 es la sala de exposiciones).

,  Libor Sváček, archiv Vydavatelství MCU s.r.o.

La Pabellón de Juegos de Pelota renacentista de Bonifác Wohlmut, que se encuentra en los jardines reales, es el edificio deportivo más antiguo de este tipo de Europa (terminada en 1569). En este Jardín Real florecieron tulipanes por primera vez en 1557 y desde aquí se llevaron a Holanda.

Sobre los restos de un invernadero rodolfino, Eva Jiříčná creó un Nuevo Invernadero (1995-98), que es una curiosidad técnica de nuestra época.

,  Libor Sváček, archiv Vydavatelství MCU s.r.o.

La construcción más famosa de los jardines del Castillo es el Palacete renacentista de la Reina Ana de Jaguellón, que mandó construir Fernando I para su esposa en el Jardín Real (1535-1563) y en la construcción participaron P. della Stella, G. Spatio a B. Wohlmut. Se trata de una construcción típica italiana de la zona norte de los Alpes. La decoran decenas de relieves renacentistas con motivos históricos y cortesanos. Delante del Palacete se oye caer el agua que mana de la Fuente Cantante de bronce de Fr. Terzi y Tom. Jaroš (de 1564).

,  Libor Sváček, archiv Vydavatelství MCU s.r.o.

Son realmente originales los Jardines del Sur y el jardín vecino Na Valech, que han sufrido muchas transformaciones después de su creación (1559). Su aspecto actual se debe a J. Plečnik (a partir de 1920). La entrada principal es la de la plaza Hradčanské y la Escalera de los Toros la une con el Tercer Patio. El jardín está adornado con una pila hecha de una pieza de granito de Mrákotín, la pirámide de marga y muchos pabellones miradores (por ej. Bellevue), además de otros complementos arquitectónicos o escultóricos de las épocas tanto barroca como moderna. Dos obeliscos de piedra arenisca marcan el lugar en el cual cayeron los virreyes defenestrados, quienes, sorprendentemente no sufrieron ningún daño (1618). Según dice el cronista protestante Pavel Skála de Zhoř, en este lugar había un vertedero, pero según la versión católica la Virgen María ayudó a los defenestrados. Esta área no fue accesible para el público hasta 1991.